lunes, diciembre 15, 2008

Series aún más viejas

cristiana

Tengo una piel chiquita.

Hija de amigos, propia hija.

Habla con voz de selva.

Húmeda de pastos,

selva corta,

como un patio.

En ella disparo labios.

Un tosco decir

de maniatado

mono

sabio.

Buscando la madre del mundo,

que supo contar misterios.

Tapar con piedritas la boca

de sus hijos

que se mojaban por contar la verdad,

una chiquita de palabras.

Y díjose perdida en la grieta

de mi cuerpo dejado para que entreveas, sí,


sí querés... ¿no?


Lo que pasa en el lado de acá.

Donde aún el techo del mundo

es esta

piel chiquita.

Es amiga, es propia hija.


Salto en el fondo,

me estrolo en el piso

para que se ría.


Coronar con sangre viva

el piso desta muerte

y su sonrisa.

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